Mentoría individual
Mentoría de emprendimiento basada en vida. Acompañamiento al líder que carga el proyecto.
El alma tiene la capacidad de arder.
Como cualquier fuego, su potencial
depende tan solo de una chispa.
6.2457° N – 75.5749° O · MEDELLÍN, COLOMBIA
Todas las grandes historias empiezan igual. Un momento en que la vida ordinaria recibe un llamado a la aventura.
Hay algo que tira desde adentro pero no tiene nombre todavía. La vida funciona, pero no arde. Eso no es un problema — es el llamado.
Ya lograste cosas. Ya cruzaste miedos. Pero en algún punto el camino se bifurcó y no sabés bien cuál elegiste. Tenés velocidad — lo que falta es que sea en la dirección correcta.
En todas las grandes historias aparece un maestro justo cuando el héroe lo necesita. Eso es lo que hace el Pompe.
Soy el Pompe. Hace 18 años estaba con cachaco y sin barba, hice un salto de fe y me dediqué a construir negocios desde cero, metí la pata en muchos, viví crisis que me enseñaron más que cualquier universidad, y llegué a un punto en que todo lo que creía saber tuvo que romperse para que pudiera ver lo que de verdad importa.
No soy consultor. No soy coach. Soy lo que llamo un Chamán en Organización (CEO).
Llevo años construyendo el puente entre dos mundos que suelen ir separados: el del hacer y el del ser. La estrategia y la intuición. Los números y el propósito.
Arder para encender
Arder tan fuerte que otros recuerden cómo encenderse.
Despertar en otros su propia energía creadora, desde la recordación y activación propia.
Mi rol aquí es de Iniciador de Fuegos. No llego a apagar lo que ya arde. No llego a controlar la llama. Llego a ayudarte a recordar que tenés leña, que tenés la chispa, y que lo único que faltaba era alguien que supiera cómo prenderla.
Lo que hago con vos es activar el movimiento integrando dos mundos que suelen estar separados: el del ser y el del hacer. Enciendo desde adentro para que se ejecute afuera. Convierto intuición en decisión, claridad interna en acción concreta.
Una última cosa: La Chispa no es para convencer a nadie. Es creer para ver. Si llegaste hasta acá con algo que se mueve adentro, eso ya es la señal.
No son fases que se siguen como receta. Son estaciones que se viven. Cada una tiene su propio tiempo, sus propias herramientas y sus propias revelaciones.
↓ Tocá cada fase para abrirla
Empezamos escuchando el pulso. El corazón siempre sabe antes que la cabeza. Esta fase es de diagnóstico profundo: medimos dónde está la chispa, cuánta certeza hay, qué está mojado y qué está listo para arder.
"El pulso es el campo electromagnético que emite el corazón."
Activamos los sentidos para despertar. El cuerpo sabe cosas que la mente bloquea. Esta fase saca la transformación de la cabeza y la mete en el cuerpo. La percepción se abre. La información llega diferente.
Cuando ya sabés quién sos y qué querés, toca hablarle al universo con claridad. Cable nítido. No es sobre marketing ni branding — es sobre coherencia: que lo que sos se vea, se lea y se sienta en todo lo que hacés.
"Divertir" viene de vertir hacia uno. No es entretenimiento: es integrar desde el gozo. Celebrar lo que se comprendió. Recuperar la liviandad. La dicha después de la revelación. La creatividad fluye cuando no hay peso.
Soy porque somos. Lo que se transformó en vos no es solo tuyo — tiene un lugar en lo colectivo. Esta fase lleva lo individual a la comunidad: música, fuego, palabra, comida, movimiento. El baile de los que arden.
Habitar el presente con consciencia. Después de todo lo que se movió, se trata de preguntarse: ¿de qué manera voy a existir en la tierra? Y se construye el plan para proteger esa respuesta de los cantos de sirena.
Aquí aterrizamos completamente. Apostarlo todo desde la certeza. Entrar "all in" en el camino que ya sabemos que es el nuestro. No desde el miedo ni la ilusión — desde la claridad ganada en las seis fases anteriores.
De la TIR financiera a retornar al interior a través de una taza.
Mentoría de emprendimiento basada en vida. Acompañamiento al líder que carga el proyecto.
Experiencias colectivas donde lo individual se vuelve colectivo. El método en comunidad.
Experiencias sensoriales: música, comida, fuego, palabra, movimiento. El baile de los que arden.
90 minutos, una conversación y un café que mueve montañas.